Descripción del proyecto

Hoy se conmemora el “Día Internacional de Acción por la Salud de la Mujer», establecido hace varias décadas a partir de una propuesta de activistas de la Red Mundial de Mujeres por los Derechos Reproductivos (RMMDR). En ese entonces, las mujeres exigían abandonar los programas de control poblacional impuestos de arriba hacia abajo, aumentar el acceso universal a la salud, reevaluar la creciente medicalización de los cuerpos de las mujeres, asegurar el acceso al aborto legal y seguro, y garantizar el acceso a anticonceptivos seguros.

Como es sabido, algunos de estos problemas continúan aún vigentes, y han surgido otros. Lo que se mantiene constante es la existencia desigualdades de género que afectan específicamente la salud de las mujeres, el incumplimiento de sus derechos y una incomprensión de la diversidad de experiencias y situaciones que impactan en su salud. Incluso, los objetivos de desarrollo del milenio incurren en esa incomprensión, al focalizar la mirada en la salud materna. Sabemos que la maternidad no debe ser destino, que no todas las mujeres son, serán o desearán ser madres, y que las experiencias son múltiples y diversas.

A su vez, se constata que las mujeres tienen peor salud percibida, padecen con mayor frecuencia enfermedades agudas y trastornos crónicos no mortales, a lo que se suma el impacto en la salud vinculado a las violencias de género y al trabajo reproductivo y de cuidados. Por otra parte, el acceso de las mujeres a los servicios de salud es desigual. Cuando acuden, aún persisten situaciones de discriminación y vulneración de derechos, muchas veces originadas por modelos hegemónicos/androcéntricos de conocimiento y de atención de la salud. Estas situaciones se agudizan en el contexto actual de emergencia socio-sanitaria vinculado con la pandemia del COVID-19.

Por todo ello, es importante visibilizar este día y destacar los aportes que el conocimiento feminista viene realizando al campo de la salud. Es crucial que los derechos de las mujeres a la salud integral sean cumplidos.

Para ello no sólo necesitamos leyes, políticas y programas de salud que lo garanticen y promuevan sino también profesionales comprometidos/as y críticos/as. Allí, nuestro rol como profesionales de la salud es crucial.

Por eso, la Facultad de Psicología refuerza su compromiso con una formación con perspectiva de género, comprometida con el cambio social que necesariamente implica una mirada feminista.